jueves, 26 de mayo de 2016

Viendo Angkor Wat, Camboya

Visita imprescindible al visitar Camboya (viaje camboya) es ver Angkor Wat que es el templo más grande y también el mejor conservado de los que integran el asentamiento de Angkor que ocupaba 200km2. Está considerado como la mayor estructura religiosa jamás construida, y uno de los tesoros arqueológicos más importantes del mundo, aunque no fue el que más nos gustó de todos. Desde su construcción a principios del siglo XII y hasta el traslado de la sede real al cercano Bayón, a finales del mismo siglo, Angkor Wat fue el centro político y religioso del imperio. El recinto, entre cuyos muros se ha calculado que vivían 20000 personas, cumplía las funciones de templo principal, y albergaba además el palacio real. Dedicado inicialmente al dios Vishnú, arquitectónicamente el templo combina la tipología hinduista del templo-monte, representando el Monte Meru (morada de los dioses), con la tipología de galerías propia de periodos posteriores.


Se accede a la puerta de entrada por una pasarela que debe ser restaurada urgentemente. Esta puerta es en verdad cinco pequeñas puertas que cumplían diferentes funciones. La central era para que accediera el rey en su trono. Por las dos de derecha e izquierda entraban los ministros, y las dos más alejadas eran las de entrada de los elefantes.

Desde un  punto de vista estilístico, el templo se encuadra dentro del llamado "estilo angkoriano", que es la etapa artística más madura en la arquitectura jemer y la última de influencia puramente hinduista. Los templos jemeres no se concebían como lugares para la reunión de los fieles sino que servían de morada para los dioses, por lo que sólo la élite religiosa y política del país tenía acceso a los recintos centrales y además no vivía nadie dentro como veremos en el templo del tercer día. Angkor Wat presenta además la particularidad de ser un templo cuya finalidad última era servir de tumba para el rey. Este planteamiento de los templos jemeres ocasiona que sus zonas más sagradas carezcan de grandes entradas o espacios ceremoniales, y que por contra se centre la atención en la percepción exterior del templo. Tanto las terrazas como las torres de Angkor Wat están diseñadas para ser percibidas armoniosamente desde el exterior, y sus alturas y modulación tienen en cuenta los efectos de la perspectiva. En los prasat se emplean estrategias como la de reducir paulatinamente la altura de las sucesivas terrazas o el tamaño de los detalles en la torre a medida que la construcción se eleva: esto produce en el observador la sensación de encontrarse ante una construcción más alta de lo que realmente es. También la relación entre la distancia y altura de las torres de Angkor Wat está calculada para presentar una escenificación homogénea desde la entrada del templo, sin que los elementos más cercanos lleguen a ocultar a los más lejanos. Angkor Wat materializa el esquema "clásico" del templo-monte jemer de la etapa angkoriana, consistente en un prasat (templo piramidal) central rodeado de varios patios concéntricos de altura descendente y forma cuadrangular (pues el cuadrado simbolizaba la perfección), y rematados en sus esquinas con nuevos templos menores. Completan el conjunto dos bibliotecas exentas en simetría con el eje central, siendo todo ello finalmente circunvalado por un nuevo muro y un lago. Esta configuración recrea un microcosmos del universo hindú: su gran lago perimetral evoca los océanos, mientras que los distintos recintos concéntricos simbolizan las distintas alturas del Monte Meru. Los Prasats o torres piramidales simulan los picos de las montañas, siendo el prasat central el propio monte Meru y los demás las montañas que lo circundan. El propio recorrido, con sus sucesivas subidas a través de empinadísimas escaleras, representa la ascensión al monte.

Angkor Wat se ha convertido en un símbolo de Camboya, hasta el punto de figurar en la bandera de su país. En 1992 fue declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad. Todavía persiste la leyenda de que Angkor Wat cayó en el olvido hasta que fue redescubierto a finales del siglo XIX por el naturalista francés Henri Mouhot, quien viajo a Camboya por una viaje financiado por la royal Geographical Society y la Zoological Society of London, donde se topó con el templo accidentalmente mientras cazaba mariposas. Cuando regresó, los dibujos y la apasionada descripción del templo registrados en los cuadernos de viaje de este naturalista fueron publicados póstumamente en París en 1868.

Subiendo por un lateral, entramos en las galerias de los frisos de Angkor Wat. Poseen dos metros de altura, y ocupan una extensión total de más de 1000 m2. Narran muchísimas batallas como la de Kukukshetra, Lanka, etc.

Es importante destacar cómo se construyó Angkor Wat ya que la mayoría de templos de la región se hicieron de la misma forma. Para construirlos usaron principalmente laterita, limonita y sobre todo arenisca. Los bloques, que llegaban a pesar 4 toneladas, eran transportados por canales desde una cantera situada a 40 km al nordeste del templo. Se calcula que el volumen de piedra utilizado (5 millones de toneladas) es equivalente al empleado para la construcción de la pirámide de Kefrén lo que tuvo que requerir de miles de trabajadores. Un ingeniero estimó que la construcción en la actualidad requeriría 300 años, mientras que el templo real se construyó en menos de 40. Las piezas de arenisca eran cuidadosamente labradas para encajar perfectamente, pues en la mayor parte de la construcción no se empleó ningún tipo de mortero, utilizándose en ocasiones incluso sistemas de machihembrado del tipo caja y espiga para mejorar la trabazón entre las piezas. En los puntos donde se hizo uso de pastas de unión pudieron haberse empleado resinas. Los jemeres conocían los morteros, que confeccionaban con una mezcla de cal, azúcar de palma, y savia de lianas; una técnica heredada de siglos anteriores, cuando usaban ladrillos para construir sus templos aunque sólo vimos uno con dicho material. Sin embargo los morteros cayeron en desuso a partir del siglo X, y apenas se utilizaron en Angkor Wat.


Todo esto se observa en el primer piso por el que estuvimos paseando. Tiene forma de cuadrado con cuatro patios en cada esquina como se observan en las fotos y galerias que comunican unos con otros. Se llama la sala de los mil budas ya que en todas las paredes están labrados, y justo en el centro está la piedra que marca el centro de toda la estructura

Se accede de un recinto a otro mediante unas empinadas escaleras, que según la iconografía hindú simbolizan el ascenso a la montaña de los dioses. Tienen pendientes en torno a los 70º, menos la del lado oeste que sigue la dirección principal y que tiene una pendiente de 50º.  Murieron tres personas desde que abrieron el templo al público por caerse por las escaleras originales, así que decidieron instalar otras aunque seguían siendo muy empinadas y se subía muchísimo¡¡ Arriba se podía apreciar la cúspide del templo y cuatro budas diferentes para la oración de los fieles. El edificio al que subimos es uno de los 5 Prasat o templos piramidales que representan los picos del Monte Meru.


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